POEMAS DE LA LUZ INVISIBLE (POEMARIO COMPLETO)

I

Hay una familia en mi alma sedienta,
hay un corazón en mi voz vegetal;
la familia mi voz sola alimenta
cual árbol que crece hacia el sol natal.

La familia es amor, el bien que alienta
agua del sentido- el ser general.
El árbol es la patria que se asienta
sobre la verdad, piedra capital.

Misterio oscuro del agua que corre,
familia de tres en única faz,
que otorgas existencia al que te mira.

Cuando el espacio en su extensión se borre,
será el mapa de tu rostro la paz
por el que la sed del sentir suspira.

II

Lámpara soy de ti,
aroma de tu fuego.
Tú enciendes luz en mí,
yo alumbro el mundo luego.
El mundo que es el alma,
planeta, isla, momento,
memoria, tiempo, calma,
raíz del pensamiento.
Respira el universo
por el pulmón del ser.
Todo cabe en el verso,
centro del comprender.
Lámpara soy de ti,
flor en campo de amor,
tú enciendes luz en mí,
tú, siempre surtidor.
Tú, siempre surtidor;
yo, siempre, río esquivo.
Tú te das en dolor,
yo en gozo te recibo.
Es tu rostro de oro
el pan que me alimenta,
emoción y tesoro,
gracia que sola alienta.
Gracia que sola alienta,
sustancia del sentir.
En tu mirada exenta
por siempre he de vivir.

III

BANQUETE

El camino o la sed hacia la fuente,
por los colores de las emociones
las cosas que modelan lo presente
dentro del molde de los corazones-
discurre entre la noche y su occidente
el miedo, cuyas estrellas son dones-
hasta el nido invisible del sentir
donde el tiempo abandona su fluir.

Allí, en la patria, descansa el viajero
en el jardín sin fin de la alegría,
aquel lugar hecho para su fuero
aquel lugar que soñó ver un día,
prado de comprensión, paisaje entero
sin límites de diferencia fría,
vida cuyas formas se han diluido
en agua transparente de sentido.

El alba de la mente manifiesta
sin máscara de temor que la oculte
será el Dios, alimento de la fiesta,
llave de unidad, rostro que exulte
la flor de gozo de la mesa puesta
vientre del Ser que en el espacio abulte-
amor sin fondo. árbol de la sustancia
que el espejo de la mirada escancia.
IV

GLORIA

La vida, donde cielo y mar se juntan
digo el sentimiento y el sentido-
es la sustancia de lo perseguido,
el destino que todos se preguntan.

El mar y el cielo infinito apuntan,
escala hacia el reino desconocido,
todo es recuerdo, aunque parece olvido,
todo son dioses que de un Dios despuntan.

La vida es la montaña de la mente,
y cuya superficie es la palabra,
de amor comunicado es su materia.

Todo confluye en su invisible frente,
que la patria del horizonte labra
más allá de la sombra y su miseria.
V

Me gusta subir a las lomas y desde allí ver la tierra,
ver los campos cultivados por la mano del hombre,
y ver también las ciudades en donde se alza el humo
y pensar que en el amor, en ese nombre
cabe todo lo sumo;
porque en las lomas se respira un aire que yerra
entre la noche y el día, el crepúsculo y el alba,
y el aire del espíritu que respira mi pecho
el interior de mi sentir salva
del tiempo que pasa, de todo lo hecho.
Estoy en las lomas de nevada belleza
viendo iglesias, aldeas, campanarios y torres
y el ganado que pace solitario en la hierba
¡alegre nobleza
de la natural materia que se expande!
Creación que hace desde dentro al Ser grande,
sol que en discurso de formas corres,
mar infinito que conserva
el vestido de la novia de la luz consciente
propagada en un campo de ensoñaciones,
fuga de palomas, corazones,
hacia donde las lomas del límite terminan
y empiezan las verdades que en nosotros caminan.

VI

DEFINICIÓN DEL AMOR

No permitas que el tiempo en su camino
en la noche sumerja tu deseo;
lo que en principio vino
hoy sea tu trofeo,
el Dios de lo que ves y lo que veo.

No te abandones a la incertidumbre
amigo, tu voluntad es la mía,
en ti mismo la cumbre
está en parusía,
esperanza que tu trabajo ansía.

Las cosas, hijas de tu Sentimiento,
Jerusalén, ciudad, razón, morada,
son despojo del viento,
son solo en tu mirada
apenas un destello, y luego nada.

En ti está la piedra de la firmeza
de la que mana el agua del consuelo,
la mente y la cabeza,
eternidad en velo
soñada majestad de un cierto anhelo.

El esfuerzo de tu inspirado viaje
en gloria conquistará la alegría,
infinito paisaje
total de la armonía:
palabra o música que anuncia el día.

Banquete sempiterno tu semblante
invisible cordero del amor,
es ley de fiel de diamante,
perpetuo surtidor
de formas hacia la patria mejor.

Si yo por cada célula viviera
¡oh amor! por cada una respirara
tu paz duradera,
los rasgos de tu cara
indefinidamente, y no acabara.

Paloma soy de tu nido preciso
métrico espacio abierto a tu pupila-
volar mi boca quiso
hacia tu voz tranquila
y tú creaste el tiempo que vigila.

Espejo soy de tu mano de oro,
amor. En él, también, amigo, vives,
arpegio de su coro
de él vida recibes
y la verdad, amando, en ti concibes.

¿No es la realidad tan solo abrazo
del árbol de la vida con el mundo?
La materia es el brazo
del alma, sol profundo.
Somos en uno, amor. Dios en ti fundo.

VII

Ese universo soñado
esa semilla del Ser,
isla en el remoto haber
del Verbo, sentido amado
del que parte el existir
poco a poco, en sí ha de ir
siendo patria, eterno hado.
Se han de allanar los montes,
se han de elevar los valles,
hacerse de ríos calles
y una ciudad de horizontes.
Desde dentro, modelando
la llama del alma todo,
el tiempo alcanzará el modo
mientras sigue edificando.
La boca dice la vida
la boca del sentimiento-
la esperanza trae el viento
en el espacio, la herida.
Ha de ser nuestra comida
esa palabra, el Amor,
y su alegría –el Señor-
una perfecta bebida.
Cuando se junten sueño y vida en dos
alcanzaremos el cuerpo de Dios.

VIII

GÉNESIS

Lente de cristal es la carne
del mundo, cuerpo de la Mente
por donde la luz alma siente
Ser del tiempo en azul encarne.

Por medio de la luz el todo
en todo áureo se derrama.
Raíz del corazón en llama
es causa del soñado modo

Artefacto de incertidumbre
es la lente, ritmo universal,
alma en diferencias vertida.

Dios se posa en la última cumbre,
en la palabra virginal
puerta anhelada de la vida.
IX

METAMORFOSIS

La oruga de plata
el dragón de las raudas sensaciones,
el papel transparente de las aguas,
el árbol, sol de las figuraciones-
alimentándose de la armonía
ha forjado un capullo de hojalata
el tiempo, preludio del día
cuya máquina transforma la muerte-
y en él se ha escondido para hacerte
despertar del mundo, mariposa,
dorada unidad, deseada rosa.
En el argumento de la noche
está envuelta la oruga el organismo,
en la pantalla verde del abismo,
océano de luz, divino coche,
Amor, de soberana trascendencia,
patria interior, límite de la ciencia.
Todo conduce al Reino de la Vida,
el ala del silencio es la partida.

IX

Sea este canto rayo vital de la alborada,
sea un reino de aroma la mano de tu amor,
en nuestra ciencia humilde, de mal contaminada,
ojalá tu palabra sea nuestro corazón.

No desea otra cosa la humanidad del mundo,
más que se manifieste la cara de tu Ser
¡oh señor de la Mente! misterio tan profundo
como la vida misma, morada del Saber.

De la escenografía de los cuatro elementos
los cuatro actores del espacio universal-
de la pantalla del río de los momentos
rescata de su valle la flor de la verdad.

Si el mundo es un cadáver a corrupción llevado,
tú, hijo de la causa, elévalo a la gloria,
la fuente de la patria, el pabellón amado
convierte el sentimiento en materia de memoria.
X

¡Oh cuerpo! Tus montañas de sentido
hacia el cielo de dorado silencio,
en la soledad del pensar presencio,
y lejos veo el sol amanecido.

El mar del amor fiel en su latido
en la música del sentir cadencio.
En medio de la muerte luz sentencio
y el destierro del miedo a absurdo olvido.

Soy persona, templo de tu morada,
encendido está mi hogar consciente
de la victoria azul de tu mirada.

Estoy en tu divinidad presente
a través de este mundo, tu simiente.
Soy sombra de tu luz enamorada.
XI

SUEÑO REAL

Quiso coger la rosa del pálido occidente
el animal humano, liberto del amor,
sobre el cisne del alma, Lohengrin el valiente,
la víctima y el héroe, el astro de la mente
de la espina del tiempo fue alegre vencedor.

Llevaba por cimera la sangre transparente
vertida en ese cáliz de clásico dolor;
era la luz del mundo, victoria inteligente,
su epitafio es la vida, su palabra es la fuente
de la pródiga forma: la memoria o la flor.

XII

MILONGA DE LOS AMANTES

Ningún amor fue tan grande
si es que hay amor fuera de este-
cpomo el que tuvo el humano
por su juventud celeste.

Ellos dos se conocieron
en la ciudad de la vida,
era él ciervo sin rumbo,
hasta recibir su herida.

Iba vestido elegante
con sombrero de dolor,
cuando vio a su enamorada
.junto a un dulce surtidor.

Ella, con rostro de luna,
y con un chal de la China
se miraba en el espejo
de su soledad divina.

El dijo: “Cuando te vi
vi una parte de mi alma,
o más bien la vi a ella entera,
¿quién así mi mente calma?”.

Ella luego respondió:
“No os conozco, caballero.
Siempre estuve en esta fuente
del barrio del Cantinero”.

“¿Quién es ese Cantinero,
oh dama tan principal?”
preguntó el galán certero.
“Es mi señor natural”.

“¿Está casada, belleza?”
se sorprendió el mocetón.
“No estoy casada, yo hablo
de mi eterno corazón”.

No entendió el hombre la cosa,
y le confesó a la dama:
“Solo sé que en mis entrañas
está naciendo una llama”.

Le dijo la dama: “Escucha.
¿Quieres convivir conmigo?”.
“Desde luego” dijo el hombre.
“Yo te tomo como amigo”.

“Poco bien es ese” dijo
el caballero ramplón.
“Si me quieres, yo te escojo.
Mío es tu corazón”.

“Si tú me tomas por tuya,
yo te tomo como mío.
Mas con una condición”.
“Dímela ya, amor mío”.

“Y la condición es esta:
a ninguna otra amarás.
Yo tengo de ser tu esposa
y para siempre jamás”.

“Te llevo ahora mismo al altar”,
masculló arrobado el hombre.
“Pero antes quiero saber
querida, ¿cuál es tu nombre?”.

“Alegría yo me llamo.
Soy la bella salvación.
Si me das tu mano, hermano
alcanzarás este don.

Tus piropos son collares
en la torre de mi cuello.
Mi cuerpo, Idea de tu mente,
mi carne, copa de lo bello.

El Cantinero del mundo
es mi padre, el Creador”.
“¿Quién es?” preguntó el galán.
“Lo que sientes, El Amor.

Él escancia tu vida en mí
para que bebiendo, vivas.
Junto al surtidor del mundo
en mi alma tu sangre libas.

Es el vino de la vida.
Mas también has de saber
que para unirte a mi cuerpo
a la muerte has de vencer”.

“¿Y cómo?” preguntó el garzón
con el sombrero en la mano.
“Dándome tu corazón
para conservarlo sano”.

“Aquí lo tienes, Amada”
se lo entregó el caballero
sacándolo del bolsillo
“él es todo mi dinero”.

“Ahora soy tuya de veras”
declaró la dama errante,
ofreciéndole los labios
con mirada de diamante”.

Y los dos se evaporaron
en esta ciudad de Dios.
En el lecho de tu mente
seguro que están los dos.
XIII

Tus ojos, amada mía, echaron a volar
hacia el tren de la intimidad.
Sobre el duro tablado de la ley de las cosas
la palabra sangrando está.
En su Pasión –las cinco llagas de los sentidos-
el corazón sueña el dolor.
Las espinas dividen la rosa de su carne
en martirio y coronación.
La palabra es el alma, respiración del tiempo,
y en tres potencias fiel se da:
memoria es infierno, purgatorio entendimiento
y paraíso voluntad.
Las tres en una sola convergerán mañana
para que todo sea amor;
la comedia del mundo, el lenguaje engañoso
será materia de canción.
Y tres serás en uno, ¡Oh tú, Dios de la mente,
palabra eterna de bondad!.
Tus ojos, alma mía, no viven en mi cuerpo,
tus ojos echaron a volar.
XIV

PALINODIA A LA MÁQUINA DEL TIEMPO
Oh tú, becerro de oro, asno de hierro,
ídolo de la soledad del hombre,
¡oh tú, tiempo!, pantalla sin nombre,
brocal de la noche desbocada,
armadura vacía y dislocada,
grial de los desvanes del misterio,
interactivo cencerro,
torre de imágenes, máquina vana,
ruido que imita la voz humana:
las máximas legales son tus piezas,
cada una es un precepto esculpido
por las diferencias del sentido.
Eres la bestia de las mil cabezas.
Locomotora de los aforismos,
tiempo tres veces grande que enmascara
en tres personas a una sola cara.
¡Modela a Dios vivo en nosotros mismos!
Labra un poema de la incertidumbre,
vincula en alegría la costumbre,
y aunque eres mal, culebra de la Muerte,
para la vida es la sangre que vierte
el costado herido del Pensamiento,
la verdad al fin y al cabo,
la unidad tras el éxodo esclavo
es el significado de tu cuento.

XV

LEY DE LA VIDA

A la orilla de mi corazón
he bebido la felicidad,
¿ qué importa el afán de la edad
si todo al fin es canción?
Ser rico o ser pobre es lo mismo,
pues para lo mismo se dio.
El premio es el aforismo
de amar a quien a ti té amó.
Y lo demás… vanidad, losa.
El mundo entero es poca cosa.
XVI

Lira del pensamiento
épica música del sentido,
que creas el fundamento
del mundo, sentimiento conocido,
paloma de la mente
hacia el nido del amor trascendente;
sé patria o paraíso
de morada transparente,
bebida del espíritu indiviso,
agua al fondo de la naturaleza,
donde el cuerpo de la emoción empieza.
XVII

MISTERIO

Energía libre, el alma,
atraída por la masa de la noche,
la luz perpetua de tu único rostro.

XVIII

Tu voz se divide en partes
el mundo en que vivimos-
habitación sin fin por la que huimos
guiados por luz de inteligencia,
subiendo la montaña de la ciencia
hasta el final que nunca presentimos.
XIX

Animal del alma
energía en la carne
la indefinida masa del espacio-,
hallarás en el otero de la mente
al Pastor vivo del Significado.
Hallarás su cuerpo desnudo de ciencia
-sentimiento-
en tu dolor crucificado,
tu dolor hecho de herida o existencia,
colisión con el tiempo y su fracaso.
Te encontrarás ante la imagen del mundo
tu retrato verdadero,
en la luz del comprender glorificado.

XX

FELIZ LUGAR

Donde lo sucesivo se haga simultáneo,
y el río que vivimos, nuestro yo, tiempo muerto,
desemboque en el tú libre y extemporáneo
en cuyo mar el sol es un postigo abierto.

Donde la paradoja en la igualdad perfecta
de la ciudad radiante de nuestro amor interno,
cambie en metamorfosis la curva por la recta,
y la mente soñada reine sobre lo externo,

donde la alegría ágil mane en serena fuente
de la roca legal de la naturaleza,
y sea nuestra patria un prado transparente,
¡el Dios de la palabra, donde la vida empieza!

XXI

El Rey de todas las cosas
me dijo mientras dormía:
“Todo está en tu corazón,
como el sol en el agua limpia”.
Me dije entonces: “Tu reino
es mi corazón, el día.
Me despertaré en su calma,
el interior de mi vida”.
Había en mí una voz libre.
Más allá de mí existía.
XXII

Árbol de la trascendencia
que, junto a la blanca tapia
de la luz, del fondo surges
e invisible te levantas
por encima del tejado
de la solitaria casa
del mundo, por fuera oscura,
y por dentro iluminada.
Mensajero de oro puro,
música de las montañas,
limpio perro de silencio,
lago de agua enamorada.
Yo, a la sombra tuya canto,
patria dulce, fiel morada.

Son tu tronco el sentimiento
y tus ramas la palabra.

Surtidor de confidencias,
sobrenatural cascada,
vida y ley del universo
y sus sensibles pantallas.
Arlequín de los colores
y texto de mental carta,
eres la Sabiduría,
eres alegría y alba.
Infinitas son tus hojas,
cada una una esperanza,
enunciados de un mensaje
que es el tiempo y nunca cambia.

Son tu tronco el sentimiento
y tus ramas la palabra.

Son tus labios en el viento
cada hoja de tus ramas-
cuchillos de fría nieve
que sus silbidos desatan,
y son tus raíces profundas
capitales deseadas,
que a través de tierra oscura
nos conducen a tu patria.
Debajo de tu corteza,
la savia del sentir pasa,
hacia tus frutos verbales
que en el paladar del alma
se deshacen en delicias
y en alimento nos sacian,
cual sueños que verdaderos
en nuestro cuerpo se encarnan,

Son tu tronco el sentimiento
y tus ramas la palabra.

XXIII

TRENO DE NAVIDAD

En la noche oculta y silenciosa,
un corazón en el pensar reposa,
un corazón como un pájaro que arde
en el cristal inmóvil de la tarde,
y están en flor las ramas verdecidas
del árbol que da existencia a las vidas.
Todo está en reposo, luz, calor.
Bajo la luna ideal nace el amor.

XXIV

LLAMADA

La mañana serena
sobre los campos verdes y tranquilos.
La mañana de los pájaros que cantan,
la mañana de las alegrías nuevas
en mitad del corazón de la vida
soleada, perfecta.
Coronando la piedra del firmamento
la flor de la luz, sonrisa abierta.
El mar, al fondo, música o memoria.
En el lecho divino del paisaje
el alma, lo invisible, se despierta.
XXV

SALUDO

Palacio de agua, la lluvia
sobre la tierra aún soñada,
palabra que cae del tiempo
grávida, encarnada en las cosas,
sensible, de cercanía mojada.
En ríos de nostalgia discurriendo
por la reseca esperanza aspirada.
XXVI

HOMO SAPIENS

Esta estatua modelada en metales
que retienen la luz del firmamento
-oro, plata, bronce, hierro- siento
que son los cuatro puntos cardinales.

En ese sueño de los Inmortales
principio que en Dios tienen solo asiento,
Amor sin fin, transparencia del viento-
reina el Hombre sobre los animales.

Hombre, corazón de la mañana,
medida mitológica que hermanas
la libertad con vana incertidumbre.

Eres la Ley, eres tú la ventana
hacia la llama, con tu voz trepanas
la tierra: monte, mente, estrella, cumbre.
XXVII

ALMA O RESPIRACIÓN

Es la rama más alta del árbol de la vida
el ser humano libre, la eternidad sentida.
El fruto inabarcable del universo pende
expansivo de ella, y de ella amor aprende.
XXVIII

INMACULADA CONCEPCIÓN

Allá, en el misterio azul
del universo del cielo
donde se detiene el vuelo
de la paloma de tul
del pensamiento sincero,
patria de la Humanidad,
nido de la voluntad,
te ofrezco en luz lo que quiero.
Tú, la inmaculada Idea
que fuiste Madre del Ser,
en la noche del Saber
obraste vida en la tea
del tiempo, máquina mental,
barro de triste soñar,
que tu voz pudo elevar
al Amor existencial.
Conciencia, guarda a ese Dios,
concebido en tu sentir
para que nos pueda abrir
naciendo a través de Vos
el reino dela alegría
donde la unidad sea firme
y la gloria se confirme
en la inmensidad del día.

XXIX

Era el Tiempo aún muy niño,
Verbo entonces se llamaba,
cuando el juguete agitaba
del mundo apenas lampiño,
vistiéndolo con aliño
como un muñeco de paz,
dándole su majestad,
corona de la armonía,

cuando aún era de día.
Puso la luz en su cielo
puso en su suelo la vida,
le dio su amor en bebida,
le dio de esperanza el vuelo,
hizo formas de su anhelo,
y le entregó el corazón,
la palabra por canción
que de su boca nacía

cuando aún era de día.
Lo hizo semejante a él
como espejo de su cara,
le dio la mente preclara
por trono y por patria fiel
la conciencia, sabia miel,
en el árbol del pensar,
hizo el fruto derramar
cual perfume de alegría,

cuando aún era de día.

Y ahora, mundo, pues tú sabes
de dónde viene tu ser,
tu raíz, tu proceder,
medidas que son las llaves.
Detén la noche y sus naves
en los límites humanos,
tiende hacia ti las manos
para que en el Dios que es guía
siempre en ti sea de día.
XXX

ESPEJO

Aunque muchos parezcamos
uno somos en el mismo Sentimiento,
que respira eterno a través de nosotros,
y las cosas, los sencillos elementos
nos vinculan a la unidad que amamos
en el tiempo, que es un solo momento.
Un espejo es el mundo. Su instrumento
armoniza en la Conciencia la verdad
-sustancia de unidad-
y el yugo impuesto de la diferencia
-humana vanidad-
compone en su perfecta asiduidad
la divina alma de la trascendencia.

XXXI

En un verso sin fin yace la Muerte
que fue materia de constelaciones.
Su máquina fueron las estaciones,
cadáver que en el tiempo oral se vierte.

¿Qué rima con el tiempo? Ni lo inerte.
Todas las cosas son figuraciones.
¿Qué queda entonces de tantas canciones?
La música que en fuego se convierte.

El fuego es alma. Prodigiosa nota,
fanal divino sin forma precisa
cuyo rostro es la mente, nuestra herida.

Esperamos en su verdad remota,
la patria virtual de su divisa,
la infinitud perenne de la vida.
XXXII

Aunque mi cuerpo no fuera mi cuerpo,
y mis manos no fueran mis manos,
mis razones y mi sentimiento
serían uno mismo en este canto.

Aunque mi voz ya no fuera mi voz,
ni mis pasos fueran ya mis pasos,
ni mi lengua fuera ya mi lengua,
ni mis labios fueran ya mis labios,

porque yo soy solo una palabra
de amor en el abismo del espacio.
XXXIII

Eterno mar del pensamiento humano,
¿hacia qué isla diriges tu navío?
El universo no es tuyo ni mío.
Mi alma busca el tacto de mi mano.

Yo soy en ti, el Amor soberano.
Tú en mí te manifiestas en el río
de las imágenes, ardiente frío
que es la voluntad, fruto lejano.

Haces las cosas dentro de mí mismo,
¡oh Sentimiento! eres latente abismo
que animas la variedad del silencio.

El mundo es esfera de tu hermetismo,
en mí te vuelves puro mimetismo.
Vivo, la verdad de tu Ser sentencio.
XXXIV

El tiempo se hizo para ser pensado
en la mansión del amor que no pasa,
un dormitorio de luz habitado
donde un lecho de soledad se abrasa.
Fenómeno sin tasa,
el corazón es sol enamorado,
reloj del clásico invierno nevado
que la esperanza siempre nos retrasa.

Mas no ha de ser la cúpula del mundo
mero laboratorio de inmanencias,
ni yo – que estoy en ti- seré un difunto
mientras percuta el tiempo sus cadencias.
Parados en un punto,
nos reiremos de nuestras presencias.
Resuelto de la muerte nuestro asunto,
se difuminarán las apariencias.

Así ha de ser, mas por ahora bebamos
en el manantial fiel de la belleza
que brota de la roca en donde estamos,
el sentir de nuestra naturaleza.
La roca es la cabeza,
de los arquetipos que contemplamos
las cosas cuyo principio ignoramos-
el Dios en el que la persona empieza.

Si somos, si vivimos, si existimos,
¿quién puede robarnos la conciencia?
Solo cambiamos cuando nos morimos,
solo muere en el Ser la diferencia.
No hay ninguna otra ciencia.
Sabiduría es suma de caminos.
La Idea es Madre, patria lo que sentimos.
Lo demás es del tiempo: la Inocencia.

XXXV

Vino el otoño al fin de la primavera.
A la higuera se le han caído las hojas.
La higuera de la meditación se ha vuelto
un poco más desnuda en la memoria.

Hay una alfombra de hojas amarillas
como un sueño en el fondo de las cosas.
Recuerdos vivos ocupan la tierra,
hojas sin término la tierra abonan.

Se han quedado las ramas espectrales
de la higuera, solas.
Como una caricia la lluvia baja
hacia las raíces hondas.

Esta es la misma higuera en donde, a veces,
el viento cantaba y traía aromas,
donde los niños jugaban riendo,
donde las madres bordaban dichosas.

La higuera es la misma. Otra la vida,
que en los confines de la luz borrosa
va extendiendo una lámina de oro
sobre el cielo, la tierra y las personas,
va resucitando la mañana
con el color sereno de la gloria
como una sonrisa, mientras el día
disuelve los vapores de la historia,

que son las nubes de nuestro antiguo sueño;
las nubes encendidas de esta hora.
XXXVI
Más allá del cuerpo mío
espero entender tu voz
segando, como una hoz
sin figura, mi desvío.

Eres luz que en sueños veo
y me hace despertar.
Ser significa en ti estar.
Sin ti, ni en el mundo creo.
XXXVII

El Dios que puso su dedo
sobre el agua del sentido
su hijo, rostro querido-
en ondas de creación,
cosas que pasan formó,
expansiva bendición.
La materia regresó
al espíritu, energía,
del dedo que todo lo hacía,
la primera comprensión.

XXXVIII

Bajo la superficie de mi sueño
veo una luz de oro,
un edificio hecho de pensamiento,
un universo nuevo, un canto hondo.
Bajo la superficie de mi sueño,
el mundo que conozco,
veo el rostro de mi sentimiento,
veo tu rostro.

XXXIX

Sin tu nombre, patria no tendríamos.
Sin tu imagen, ni ciudad ni amor.
Sin tus manos, ni mundo ni alma.
Sin tu cuerpo, ni origen ni Dios.

Si tú no nacieses entre nosotros
ni universo habría ni perdón,
lo mismo daría muerte que vida,
lo mismo paz que condenación.

Si tu palabra no fuese alimento
si no fuese la promesa tu voz,
sería la extensión del infinito
tan pequeña como una habitación.

Si la luz no viniese a tu venida,
¡ oh Maestro de los hombres, redentor!,
no habría ni una hoja de esperanza
en el árbol de la meditación.
XL

Estoy vivo y existo más allá del sueño
de la apariencia oscura de las cosas reales,
la humanidad entera cabe en mundo pequeño,
el espacio sin límites del alma y sus umbrales.

Estoy vivo en la palabra, trono cuyo dueño
es Dios, la suma de las percepciones vitales.
Mi voz es una flor abierta en un barreño,
el paraíso de los ríos generales.

Estoy vivo, porque mi boca es una puerta
donde el fuego se enciende y alumbra la alborada,
y vuela en la paloma de la verdad despierta,
y se oculta en el lecho de la canción dorada.
XLI

No te quejes de la vida,
quéjate de tu maldad,
porque la vida es vencida
por la buena voluntad.

Si no amas, ¿cómo esperas
recibir de otro el amor?
Con conductas que son hueras
no aguardes mundo mejor.

En tu mente está la luz
que tu vida guiará.
Seguirla será la cruz
que a ella te aproximará.

El camino es ascendente
desde la separación.
Atraviesa su corriente
hasta la feliz unión.

¿Buscas en el infinito
impermeable una mina,
codicia para tu grito,
no tranquilidad divina?

Haz morada de tu alma.
Afinca en ella tu ser.
Solo en ella tu sed calma.
Solo en ella has de beber.

XLII

Si el hombre por naturaleza malo
aunque por vocación bueno y divino,
me asegura que yo he errado el camino
por querer parecerme a un Dios que es halo,

a un Dios que es sentimiento y es regalo,
a un Dios que es la vida y el destino,
a un Dios que es fuente y en palabra vino,
a un Dios que es padre y al que yo me igualo

siendo, como soy, pobre y pretencioso,
malvado, egoísta, resentido,
soberbio, ignorante y codicioso,

yo le respondo con voz entre ruido:
por su gracia he ganado su reposo,
no por el mérito de mi sentido.

XLIII

La vida es una permanente escuela
en un jardín de distancia y ausencia,
templo de trascendencia
donde el vacío en su tiniebla cuela
el rayo sutil de la inteligencia,
la patria universal de la conciencia.
En su recinto amurallado vela
la ciudad, es decir, la ardiente estela,
la fuente que en música y en cadencia
se desnuda de formas en la esencia.
La sed del vacío de la apariencia
en nube de sueño a la fuente vuela
para allí hacerse luz, real candela
en el agua ideal, la transparencia,
unión que amor en infinito anhela.
XLIV

Detrás de mi Pensamiento
estás tú, divinidad.
Tu máscara es el momento,
tu verdad es lo que siento,
mi figura y voluntad.

XLV
Mi sueño está tendido sobre la tierra seca
como una playa etérea en una isla remota.
Su ala de pluma leve se desvanece rota
en las intermitencias de la soledad hueca.

Mi sueño se derrama en ríos y en torrentes
que acarician la piel de la nostalgia herida,
en la perla del mundo, lágrima de la vida,
a través de los valles de deseos ardientes.

Mi sueño se difunde en la canción del día
como el mantel continuo del amor cristalino.
Mi sueño es esa sangre de discurrir divino
que sobre tu silencio cultiva la alegría.

Mi sueño es la ventana de la luz en lo oscuro,
de la distancia dura que separa las cosas.
En mi memoria vuelan tus ojos, mariposas.
En mi memoria esperas, en su paraíso puro.
XLVI

Esta es la noche de los pensamientos,
cuando los ríos duermen y las lechuzas vuelan;
cuando los perros ladran a la luna lejana,
cuando todo lo cubren plegarias y lamentos.

Esta es la noche lenta del exilio y la ausencia,
cuando los ecos tristes en la mente resuenan,
cuando, cruel, la esperanza se remite a mañana,
dejando en el sentimiento una amarga conciencia.

Mas, suspensa en la noche, libre el alma –la luna-,
en su pálido espejo que las estrellas velan,
sueña la luz perfecta de la pronta mañana,
sueña el alba naciendo en transparente cuna.
XLVII

Una sonrisa tuya triunfa sobre la muerte,
sonrisa en la que caben todas las esperanzas.
La rosa de tu sangre se eleva luminosa
como un beso perpetuo que siempre nos besara.

Tu cuerpo arde en el cielo de la mente y los astros,
encima de los nombres que el mundo nos señalan,
tu cuerpo transparente de miembros infinitos,
extendido en el lecho de la blanca palabra.

Estás en los umbrales de la viva promesa,
anillo sostenido por tu sola mirada.
Se derraman las fuentes de la luz en tus ojos,
se derraman las cosas de tus manos lejanas.

Vertido en nuestra noche el vino de la alegría,
no hay temor que se esconda en nuestra sutil morada;
estamos en la mesa del amor abrazados,
con el rostro radiante y las manos enlazadas.
XLVIII

El pájaro del sentido
se posó en la rama verde.
En la nada hizo su nido.
Su vuelo en amor se pierde.
XLIX

En la luz se desvanecen las cosas,
en la luz que disuelve los colores.
El rayo del tiempo anula las flores
en las ondas de música armoniosas.

Pero sus guerras surgen victoriosas
como consecutivos surtidores
en el rostro sin fin de los amores,
sobre el mar de las aguas tenebrosas.

La luz borra los imperios del sueño,
allana los relieves, engrandece
lo invisible en un cuerpo de alegría.

La luz, sobre el negro mar en un leño
desteje el manto que el relieve ofrece
en la llanura infinita del día.
L

El río rumoroso
del sentimiento mío
recorriendo los valles de la vida,
en este paisaje umbrío
del invierno en reposo
que al viento de las montañas convida,
amanece con nieve,
nostalgia en abundancia
sobre los campos de los sembradores,
apenas sueño breve
que en el hogar se escancia
como brasa que enciende sus rumores.

El río está cantando
entre los abedules
las palabras que oyó ayer en mi boca.
Su lento fluir blando
de destellos azules
suaviza las entrañas de la roca;
discurre mientras lava
los bordes del recuerdo
con su música de tiempo sagrado.
Su viaje no se acaba
y ya la cuenta pierdo
de los lugares por donde ha pasado.

Estoy en la ventana
del amor escuchando
el deambular pausado de mi vida.
Siempre suena a mañana
el río que va arando
un cauce cuyo surco es una herida;
pero sus aguas claras
de nítida certeza
en la sucesión permanecen quietas.
Son sus formas preclaras
el signo de una pieza
desvanecida en las ondas secretas.

El río es la palabra
que en el mar desemboca,
en el mar invisible de la mente.
En ella patria labra
cambiando lo que toca
en universo feliz y consciente.
Sigue fluyendo, vena,
armonía florida
entre los abedules que te besan.
Sobre el llanto y la pena,
ofrece tu bebida
a las cuatro estaciones que no cesan.
LI

Como el pez en el agua de la vida
así se encuentra mi alma en el amor,
mi alma, la materia conocida
en la extensión del universo en flor.
Como el pez, dentro de un Dios transparente
siento a mi alrededor la eternidad,
suma del tiempo en cada onda consciente,
película sin fin de la verdad.
Como el pez que en senda de luz navega
sobre la noche del fondo mortal,
como el pez, que a la inmensidad se entrega,
dejando atrás el rastro de su mal.
LII

Nacer es, sobre las aguas,
levantar el corazón,
el pan celeste del día,
el olvido del perdón,
en la memoria luciente
del rey de la mente, el sol.
Sobre las aguas que corren
decir la palabra amor.

LIII

El mar,
el sol,
la tierra,
la ley,
viven en
el Rey,
viven en
tu amor.
El niño
que nace
de tu
sentir,
el tiempo,
la mente,
en ti es
vivir.
LIV

Oro es el tiempo visible,
luz la invisible eternidad.
Lejos de uno mora el otro,
es su frontera la verdad.