CRISTAL DE SOMBRA ( POEMARIO COMPLETO)

 
PRIMERA ESTACIÓN

I

El vacío del Nombre,
el Recuerdo,
en mitad de la vida.

El Vacío,
la Idea Madre,
la caverna o la Nada rota.

Recuerdo rebosante
donde caben
las escuadras de todos los navíos.

El vacío del Nombre,
el Principio
suscrito al agua de la Ausencia.

“Yo soy” pronuncia el Nombre,
y la máquina del agua lo conduce
a la gloria de su verdad: el Tiempo.

Yo soy al fondo de mi recuerdo,
embrión de la Nada Consistente
donde se reconcilia la mirada.
II

Yo soy y no me conozco,
el paisaje me engaña.

Me engaña su montaña sin remedio
de donde brota el día.

Yo soy y quiero verme
en la mano de tu corazón.

Yo soy y quiero, soy carne,
soy en ti pura tiniebla.

En ti, oxígeno de luz,
soy una semilla transparente.

Yo soy en ti el solar camino.

III

Veo, siento
derramadas de mí las cosas.

Árbol de firme silencio,
mi cuerpo nace en tus ramas,
y el ave exiliada de tu Nombre
deja en mi lecho tu fuente.

Veo, siento,
el fruto-amor que besa tu misterio.
IV

La persuadida
briqueta de la tierra
obtuvo el tráfico del Ser,
obtuvo el abismo de la hoja.

Se desnudó
del bromo de la sangre
en el lugar de las encías
del ángel dolor.

Sucedieron las lenguas de las cosas
y en su parálisis sentí.

Probeta fue la mesa-salangana
para entender la ley del firmamento
cuando los brotes devinieron
en el martirio de las consecuencias.

Se encendieron, santas, las conjugaciones
y se esquilmó en continentes la sombra.
V

La piedad está hundida en el deseo.
Heroico Yo condenado
en la cárcel soñada de su imagen.
Vuela, folclórica, la Virgen,
la Corona de la Fe, hueca de argucias
y de faunas y bestias racionales.
Transpira
el sudario de la carne,
la víctima del espacio.
Natura, sonrisa de intuiciones
y patria de secreto automóvil.
Al término del fuelle de la huella,
al fondo de la huella el peregrino.
VI

Suena el desgaje del viento,
procesión y familia de inmanencias.
Zurea el fruto creador
en el equilibrio –máquina del alma-.
Zurea el fruto, asombro ya,
y boca tenebrosa de distancia.
Y una casa blanca, conductiva,
isla primaveral, en el alero,
en la zahorra de la calle-niebla,
en la humildad de verdor cristalino,
pareja proverbial de dimensiones.
El Pastor,
el Tiempo,
misterio de oro,
silba con el cuerpo de su rostro
en el vientre de tu boca, Ser.
VII

Acera de fatal silencio,
tija de expansión,
caballería de vectores,
discurso de la humanidad.
Proceso de la sonrisa,
progreso de desengaño,
síntoma de la gracia,
plaza de la alegría.
Estatua de intimidad,
caverna de la atención,
esfera de la dicha,
selva de misericordia.
Mano donde cabe
el saludo desollado del cenit,
cariátide, alcoba de voluntad
interrogada de Naturaleza.

VIII

Nación de los ríos,
programa
cárdeno de discusiones
en el hábito
de las palideces de un manto de consuelo.
Vida breve,
oronja sigilosa
y montaña entre sábanas latente.
Hábito de la disculpa,
bronce de anhelo sin descripción,
nido de huecas floraciones
y, a pesar de todo, inmensidad.
El horizonte es tu templo,
miseria el misterio de la piedra
sumergida al fondo de la húmeda mente
hasta que el Cantero regrese
en el paraíso esclarecido
e inaugure la acción de la verdad.
IX

Entre el “Te”
y el “amo” hay una esfinge
cuyas garras son plumas
y cuya cabeza es un rebenque.
La esfinge se llama mundo
y nadie la ha visto,
cuerpo de aire.

La esfinge es un mazuelo de sentido.
La esfinge es
es la fantasía, es la piel,
es la distancia-.
Inhalado está el germen de su lenguaje.
La esfinge es
y está en el desierto de la copa,
como la tierra que bebemos
antes de alcanzar a conocer.
X

Para la disociación del firmamento
nos preparamos
en la sospecha racional del fuego.
Reptante se relaja
el sello de la paz compartida.
¿Por qué tiemblas, pensamiento,
en la parada de las cosas mudas?
¿Por qué numeras la lejanía
si el arquitrabe-temor,
la nave
está amarrada al resplandor del humo?
¿Por qué dices “Yo soy”,
por qué te dices
en la prueba de todos los paisajes?
En el sobre de mi bien va tu sustancia.

SEGUNDA ESTACIÓN
I
En carne viva
llora
la franela de tu voz,
Espíritu.
Guardo el marbete de tu maravilla.
El campo es en ti melancolía.
Y recibo
puntual, patente,
la cascada de tus cabellos
circulando como sangre entendida.
II

Sabor amargo de virtual exilio
rejonea el ronzal de tu siempre reino.
Movido está mi paladar-origen.

Respiro en mi exilio tu verbo.
Recompongo el cielo,
talpa que purifica el Yo-Deseo.
III

Talón mental,
choza
incendiada,
quina,
pernil de la diana,
distancia.
Escolta del Genio,
la tarde.
La venida y el manjar,
lo mismo.
IV
Perdón,
Gracia,
nuestros dos cuerpos.
Juramento del sentido, beso.
Marino oriente, organismo y portento.
Los amantes, sombras,
del fingido tiempo.

Tiempo: tela: figura: lamento.
V

Mira,
médico enemigo,
médano de espejeante ley,
has muerto, terco, para mi vida.
Te preciabas de ser odio
posible de ruinas-dentaduras.
Y te vencí cuando me levanté
fuera del nervio de tu soplido.
¿Qué eres,
aguijón de rigurosas tentaciones,
qué eres,
mentira simulada,
palacio de vacío repetido,
mecánica flor de la hora,
que marchitabas la promesa-sonrisa?
¿Qué eres
cierzo-abismo sin saludo sensible
cuando el volumen
del lustre-amor levanta mi silencio?
VI

Uní tu voz a la del mar,
Dios mío
que cantas más allá de mí, en la entrega.

Derrumbé la muralla
de la oscura soberbia de mi sueño
para encontrarte en mi reflejo mismo,
en la pasión del sol,
en el espejo.

Yo, que solo tu nombre seco
en tu filiación consideraba
mecánica presencia,
en el escombro-grito de mi ausencia,
hallé en tu palabra tu cuerpo
y en tu cuerpo, serena, mi palabra.
VII

Es estrecha la alegría
y cuán desmesurada su verdad.

Qué gruta y qué mina, la esperanza.

En el viaje está la tierra,
en el camino, la alianza,
en la prueba, la amistad,
en el jardín de la intuición, la gloria.

No hay madre que no sea ella,
ni desposada que no la vistiera.

Es ella juventud, alba de pie.
VIII

Hallamos el pijama de la fuente,
su verbo que llegaba hasta nosotros,
hallamos el concepto del origen
y dijimos: “Aquí está nuestra morada”.
Aquí está
nuestra morada: mirada,
inscrito rostro de voluntad
con la grana de nuestra pupila,
mirando lo mirado,
encontrándonos.

Hallamos su etimológico árbol
desviando con su lenta altura,
desviando con su altura el llano.
IX

Capricho de justicia,
vana torre de excusas perfumadas
si no se funda en la pasión del hoy.

Vana torre,
pintura, pila de gas,
ofensivo asiento de predelas,
anegado rótulo.

Septentrión de duda
donde el ave no anida y se acobarda.

Torre,
habitación-sepulcro,
sin milagro de conversaciones,
abismo solo de diferencia.

Ciudad de imágenes sin ley.
X

Crece la montaña en el interior,
crece la mente en el interior del pueblo,
crece la muerte en el pueblo del sentido.

Es una fiesta el crecimiento,
el advenimiento
de la reunión de todos en todo
en el parto de la fe-razón.

Eternidad del crecimiento
es la inteligencia del amor.
TERCERA ESTACIÓN
I

Sacerdote sintáctico,
caveto angular,
doctor de los amantes de la escena
del firmamento-libertad.
Coro-galaxia
Sentimiento de túnica-argumento
en las nupcias del desvelo:
pan masculino
con vino femenino hermanados
y palmas o personas confundidas
en el paladar del sabor,
el gusto abierto de social postigo.
Nardo del amor,
bisagra del deseo,
catasterizado en caridad.
II

Doce tonos son el viril del cuerpo,
la taquilla del vientre –voluntad:
los meses de la senda solar,
asientos de la mesa del día.

Vaivén de la asamblea-conciencia,
zambra de secreta paz,
doce los caballeros de la risa,
doce en el banquete-movimiento
en torno al manjar de la alegría.

Y el manjar es memoria,
es agua viva envasada en rosa-silencio,
es viaje,
predicado,
virtud de tu real principio.
III

Bingo-azar;
la red mutable del océano,
el lenguaje del amor concebido
como gracia y vértebra del pacto
como
pared arbórea
de cristal de religiosa luz.

Regata y sistema del oído
duplicado en la huida del sonido,
para que el paisaje-pensamiento
sea Redentor concebido en la mente.

El oído,
arco del Triunfo o abrazo-gloria,
senda estrecha de abstracta Sabiduría,
técnica espada
del reptil endurecido en la fe-roca.

Escuchar el oído,
felicidad.
IV

Madre y hermana
se define la sirga de la aurora,
hija de su Hijo,
margen visible del amor- cabeza.

En medio de
su escuela de armonía somos.

Estamos en su velo velados.

Amamantados
en el vientre de su noche-espera
pintamos el mundo.

Y el Nuncio Original,
el Pontífice del Signo
en arte verbal se dibuja
trascendiendo su figura el aire-escala.
V

Sagrado
el altar de la mesa-encuentro,
el pecho que encarna la memoria.
Sagrado
el tocador
de
la materia-estanque, Cristo- Mente.

Bondad
de las tobas de los errantes pensamientos
rebaños y nubes vigilantes
hacia donde la guerra de los vientos
de sus enzarzadas cenizas
amanecen pupilas-estrellas-diamantes.
VI

Plata- paciencia y
Oro-milagro
(tierra- mujer
y cielo-hombre
en el linaje del firmamento
de lo creado o de lo comprendido),
sol en agua figurado,
brote vegetal de la vida-espacio.
Caverna-ciencia
en cuyo sentido solo cabe
rupestre cuadro de amor-duplicidad,
intensidad de un átomo difuso.

VII

Oxidado está el pecado del discurso,
vamos a lavarlo con nuestra vida.

Vamos a lavarlo con nuestra vida,
con nuestra sangre vamos a templarlo.

Puntuales el futuro restauramos
desvaneciéndonos en pasado.

Vamos a convertir el núcleo-ajenjo
en la línea de la actualidad.
VIII

Verso,
jarrón de impresiones,
jofaina de la frente que madruga.

Verso,
jaspe del mutante sentido,
universo de la retina.

Verso,
retrato
de las cosas diversas,
voluntad.
IX

Arquitecto
el día sin medida
de todas las cúpulas del éxtasis.

El día
santo, santo, santo,
se reitera en el jarrón del mar-espejo
como máquina de perfecto anillo.

El día,
balcón intuido de raíces ateridas,
el día, raza de congregaciones,
el día, casa de revelado
consentimiento.

El día cabal del testimonio
en traición de ignorancia manifiesto.
X

Querubín-duende,
dormido en hifa de soberbia,
clarín-ruiseñor y mensajero puro,
nativa oración,
centro-esqueleto
que percute el tabanque de la traílla,
el remordimiento de la muerte.

No hay muerte,
no hay muerte,
no hay muerte,
querubín de la moral
disfrazada de la astucia de la ausencia.

No hay muerte,
lo repito,
ni hondonada depresiva en cada noche,
sino nimbo de genial
y genitiva razón
alumbrando la mejilla del sentir.

CUARTA ESTACIÓN
I

“Ascendí”
celebra el Ungido Deseo,
“por la cifra de las emociones,
cantiles de muchedumbre habitada,
esclusa musical
de todos los fármacos-bajeles
en la ubicuidad de la memoria”.

El Aliento Magistral de las figuras,
el plasma que huye en estadio de formas,
obtuvo el premio del Faro Innombrable,
conquistó la majestad
de la fuente total del Sentimiento.

Presidió el Espíritu- Silencio,
el proceso docente
del Tiempo- Juicio- Ausencia.
II

La quena del amor
me trajo el saludo de tu cuerpo,
tu cuerpo océano,
tu
cuerpo-sintagma,
tu cuerpo-asamblea,
pan
toque
destello.

El amor bucólico de ganados,
de miles y cientos de miles, de millones
de argumentos acordes de providencia
me guió hacia tus reales hombros
que sostienen mi fantasía-quimera,
vellocino de soñados colores.

En tu plural victoria de ejércitos,
soy singular, único, completo.

Dejo atrás mi muerte- espacio y sigo siendo.

III

Te hice
Mente, Venera, Mujer, Idea,
como estatua-molde del Nombre,
mi Deseo.
Escupí tu voz saludable,
sampán térmico de energía nueva.

Te hice
en mí
timbre de lógico fuego,
causa-vida sellada, virgen, secreto,
papel de justicia,
asombro en humildad preciso
y victoria en paciencia transfigurada.

Te hice,
asamblea conyugal de la memoria-patria,
atrio de la cita,
te hice,
templo-iglesia de los recuerdos cantores
en el coro alcoholado de lo diverso.
Te hice,
y nací de lo que en mí has hecho.
IV

Siglo,
pabellón de contradicciones,
ramaje de los astros,
que en espejo de voluntad abrevan.
En la contradicción,
bance de temor-sueño,
resucita el Deseo de rostro diáfano
vestido de traje de sentido,
condecorado y laureado de amor.
Permanece
en tu miseria, Siglo,
continúa vago en tu desaliño,
mito anciano,
océano, hidra, proteo, serpiente,
prosigue con andruejos, con anécdotas,
con quejas, con migajas de gestas-ruinas,
con la torre de tu lenguaje roto,
pues en tu pobreza soy manifiesto
en el hilo del Dios-Luz que me ama,
en la alborada ciega de tu noche.
V

En vajilla de tierra me alimento
con los frutos del Tú,
con la orla garbosa de tu sustancia.
No quiero vajilla de oro agradable
porque no aspiraría tu belleza.
Quiero este plato de soledad,
de contemplada soledad,
cristal auténtico del descanso,
con la solera de la primavera
de mis encandiladas sensaciones,
débiles flores en ti vertidas.
VI

Toril de entusiasmo
embarga la almunia razonada,
la persona,
sugerente de columnas y bóvedas,
la envidia incomprendida de sí misma
que se sonroja aún de su esperanza.

Pacen los bóvidos del sufrir en ella,
eslabones no fundidos
todavía –el vivir- de sus cadenas
y ya
la barrica del hastío débil
se derrama
por el frío piso del cavilar.

¡Persona!
No máscara-costumbre,
no escena
sino lagar de elaborada esencia,
no planeta en juventud cerrado,
sino historia-raíz de crecimiento.
VII

Hombre-Deseo
encarnado en el éxodo,
virtud
de difuminar la orilla vaporosa
para no ser jamás parte,
siendo por su negación el todo.

Tierra de la huida,
carrera en cada órbita pensada
de un centro-semilla
en servidora paciencia escondido.

Ciencia refutada de veloz forma
-belleza, madre nuestra, amada-
semblante-límite trascendido
en la criatura-número,
animal de multiplicados pasos.

Hombre- Deseo,
río,
tránsito.

VIII

Corazón rufián,
¿a qué disparar el tiempo?
Diana de rodada nada,
enemigo-espectro de la pérdida.
¿A qué latir,
motor de quimos postrimeros?

Mas si es tentación el nacimiento,
es bautismo el dolor
y detergente el esfuerzo
de nuestra túnica de débil carne,
y el enemigo-vacío es fiel camino.

Enemigo-aliado:
Carne mental,
sensitivo eco,
ruido lejano de aguas tutelares,
límite-máquina de las repeticiones,
prohibición de la abundancia del sueño
de los edenes-placeres de las bestias,
decorado-animal, perro dócil del latido,
guardián del cordero del silencio,
víctima del sacrificio de la espera.
IX

El traje y el sombrero
en la percha- memoria desgastándose
hasta, por fin, ser un hilo de vida,
una llaga-rosa,
surtidor de anuncios-ángeles
donde las tres potencias del acto
de la verdad,
las tres marías-parcas,
vean y toquen la huella del sentido,
el lugar racional de la victoria.

Sombrero y traje,
lienzo y sudarios,
rugosa señal de serna encantada
de cereal de evasión dignificado.

Tela arrugada del mundo-viaje,
fiesta-maleta de progresos-bajeles,
red de los pescados-intuiciones,
criba recompuesta de la bondad,
salud,
entrañable urdimbre del consejo,
diablo envejecido de polilla-temor,
para la epístola en expansión mandada.
X

Celos de la pena,
destierro de caricias
y mancillada soberbia desintegrada.

Noble empaque de lágrima-excusa,
de súplica,
de esgrimido linaje,
lágrima-larva
grávida
perpendicular sonda-océano
exclamación y capturada noticia.

Pena triste, nostalgia, lágrima,
excepción clavada en el color del ojo,
lujo-crisol,
fuerza-ejército,
tendida en cruz de extremos,
redimida
por el estruendo de su mérito.
QUINTA ESTACIÓN

I

Palabra-pájaro
brotada de mi cisterna,
grado sin rumbo que en la lluvia bebes,
de este pozo de paredes-leones
donde un público de estrellas rutila,
Creación esposa del Rey- Sentido,
página-pergamino de las letras,
eléctrica Roma del caminante,
loba de la noche,
nodriza de láctea comprensión
que la Jerusalén- virtud-aurora,
presentas como ninfa del ocaso.
Bendita seas, bienaventuranza,
maravilla de mi libertad,
Palabra- Pájaro- Mesías- Reloj- Llama,
bendita seas marca del diálogo.
Yo te doy toda mi incertidumbre.
II

Gesta-epopeya
del perdón-Ser-Sentir,
enamorada niebla de la ley,
metafísica- patria-reflejo,
conciencia-despertar,
ocular virtud, incierto recorrido.
Serpiente de longevidad
elevada a bronce de entelequia,
desfigurada inteligencia-voz.
Inflamación
de la ira-torre, ardida confusión-ventana
de los extrañados en sed hambre,
de los santos-astros hogueras del aire,
que cuelgan (colgamos)
frutos de la vida.
III

La historia-claridad
se clava a mí-nosotros
con incómodo sufrir de aprendizaje.

La historia-caridad,
su metal-dolor de sangre-sensación
vestido,
moral recorre venas-alimento,
divino arrojado en lo humano,
Padre.

Descalzo se consume en comentario
el fuego-verbo desposado con el mundo.

Y hay una puerta que al curioso no se abre
y es él.

La aldaba es nuestra poesía,
regazo de tierna oración.
IV

Toca el sistro-sirte
de la música-trompeta.
Toca con los labios la alegría.
Armónico libro,
copla cuyo motivo buscamos.
Lectores
del artículo del Arte
en junglas y en lianas desconocidos
concentrando la misión-promesa
en la seguridad
interpretativa de la forma.

Sentido-música,
has de modelar la única venida.
V

Revolución
orgánica,
senado-lugar del existir,
no superfluo vapor de lenguaje.
De Lenguaje-Héroe
cosiendo al observar la Cosa
roturando en partes
al Señor-Patrón de su medida.

Inspiración,
Musa- Retórica
y espectro-rebaño de agua-mente.

Escribir,
pautar la sucesión,
sonreír.
VI

Columna,
copia,
ironía
fumada como sofá de sombra,
imagen,
novela
uniformada de gala,
pirueta,
eco.

Semejante al árbol admirado
por la separación del muro-abismo
nunca identificada ni espontánea,
máscara del decir.

VII

-Rebelde, el cáncer del sueño,
qué persigue.

-Volcán
de gelatina-hielo,
su perversión se torna
candor-mañana, hongo-misterio.

La situación,
el cuerpo-circunstancia,
es monstruo de mortal anhelo.

Sí, es trampa el cuerpo,
mas no somos en él los que caemos.
VIII

Monje-mueca,
el hecho,
el lugar
nunca sucedido,
el trono siempre improvisado.

La perfección del Susurro-Dios
es posible en la imperfección
convulsa de nuestra prosa-reino.

Adoremos la certeza de la sombra,
linterna-rostro que respiramos.

IX

Notoria
y nunca definida aguja-espacio,
yo recojo
en el himno secreto
la limosna
de un junco de voluntad.

Bésame con ella,
y que sea tu beso mi pasión.
X

Cálculo,
con mi temor te sigo
para que me hagas duda de verdad,
y en mi teatro
sea actor de tu brazo-corazón,
genio-júbilo de origen- presencia.